Nombres / שֵׁמוֹת is an AI-assisted digital art installation.
The work takes the artist’s personal diaries as a sacred corpus: it extracts the proper names that appear in them, records how many times each one appears, and subjects them to a double gematria system — Latin and Hebrew — that assigns a numerical value to each letter and a unique mathematical signature to each name.
The visualization functions as a living palimpsest inspired by Borges’ Library of Babel, magnetic poetry, and the Kabbalistic tradition of language as a universe in perpetual creation. Names emerge, dissolve into letters, each letter reveals its numerical value which then mutates into Hebrew script, the values are multiplied by their frequency of appearance generating equations that are in turn translated into equivalent words — Yvonne × 65 = 5590 = the 72 names of God — and from those residues complete sentences are born, simultaneously absurd and sacred, forming visibly word by word before dissolving into anagrams and disappearing.
The chance is real but governed: every word in the dictionary is chosen by numerical affinity with the name that summons it, so that the chaos has a hidden, Kabbalistic grammar — one the eye cannot read, but language feels.
Nombres / שֵׁמוֹת es una instalación de arte digital asistida por la IA. La obra parte de los diarios personales del artista como corpus sagrado: extrae los nombres propios que aparecen en ellos, registra cuántas veces aparece cada uno, y los somete a un sistema de gematría doble — latina y hebrea — que asigna a cada letra un valor numérico y a cada nombre una firma matemática única. La visualización funciona como un palimpsesto vivo inspirado en la Biblioteca de Babel de Borges, el magnetic poetry y la tradición cabalística del lenguaje como universo en permanente creación. Los nombres emergen, se desintegran en letras, cada letra revela su valor numérico que muta en grafía hebrea, los valores se multiplican por la frecuencia de aparición generando ecuaciones que a su vez se traducen en palabras equivalentes — Yvonne × 65 = 5590 = los 72 nombres de Dios — y de esos residuos nacen oraciones completas, absurdas y sagradas a la vez, que se forman visiblemente palabra por palabra antes de disolverse en anagramas y desaparecer. El azar es real pero está gobernado: cada palabra del diccionario es elegida por afinidad numérica con el nombre que la convoca, de modo que el caos tiene una gramática oculta, cabalística, que el ojo no lee pero el lenguaje siente.